por: Cheryl Trejo Risco
Me gustaría ser Presidente de la República”, dice Sergio Hung Querido, con cierto brillo en sus ojos, mientras ofrece los últimos cinco panes con pollo que le quedan por vender.Este joven cursa el sexto año de derecho de la Universidad Nacional Federico Villarreal, tiene 26 años y un gran currículo laboral, sin embargo el trabajo que lo ha consagrado es el de vendedor de pan con pollo ya que lleva en este oficio cinco años.
“Siempre he trabajado. A los 6 años vendía marcianos, a los 10 atendía en la librería de mi mamá, luego con toda la familia nos fuimos a Chile, ahí trabajé en “Mc Donals”, regresamos al Perú y entré a trabajar en una distribuidora de revistas. Ingresé en la Garcilazo también a derecho y empecé a cantar en los micros música de la nueva ola, de Nino Bravo”, señala.
“Antes de empezar a vender, trabajaba en Luz del Sur, en atención al cliente, pero renuncié porque sentía mucha presión”, relata Sergio quien, por su actual trabajo, se ha ganado el sobrenombre de 'pan con pollo'. “No me molesta que me llamen así (…) creo que eso me da publicidad y me hace más conocido”, afirma.De igual forma, manifiesta que el principal motivo por el cual decidió vender este producto fue su pequeña hija de cuatro años. “En ese entonces estaba por venir y necesitaba dinero”.
La decisión
“Eran 70 panes, no tenía la seguridad de que los iba a vender todos, pero los vendí y sólo recuperé lo que invertí (…) Recuerdo que fue en el 2002, estaba en primer año y fue en la cola para las elecciones de la universidad”,relata.
Así mismo, afirma que, a principios de ese mismo año, había una señora que también vendía pan con pollo en la puerta de la Universidad, a quien él siempre le compraba, hasta que un día dejó de ir y, desde ese entonces, continuó con la venta de este producto, pero reduciéndolo a 50 céntimos cada uno. “Si le subo el precio ya no me compran”.
Sergio, se levanta todos los días a las 6 de la mañana, hora en que va a la panadería de su domicilio, ubicado en Jesús María, para comprar de 200 a 250 panes. Cuando ya los tiene listos, los empaca bien y sale de su casa con dirección a la universidad. “Siempre traigo dos mochilas y siempre los vendo todos (…) En promedio me sobraran 30 panes al año”.Sin embargo, asegura que no todo fue color de rosa ya que al empezar en este trabajo - en el Local Central (en la Av. Colmena) - tuvo muchos problemas con el administrador ya que éste le prohibió la venta.
“Me enfrenté a Calderón porque no me permitió vender aquí, me expulsó y me vi obligado a emigrar al local de Economía y Contabilidad (también en la Av. Colmena) hasta que conocí Anexo 8 (en la Av. Colonial)”. Este hecho fue de mucha ayuda para él ya que gozó de dos lugares más adonde ir. “Preferí quedarme en anexo 8 hasta regresar a la Central, ahí tengo más acogida en cambio en Contabilidad el promedio era de un pan por cada 20 alumnos”, subraya.
La venta
“En total saco 100 soles diarios como promedio. En materiales gastaba 35 soles semanales, ahora unos 10 soles más porque todo ha subido de precio. Las cremas las preparo en la noche y las dejo refrigerando para el día siguiente, el pollo también - tengo que comprar de 8 a 10 kilos a la semana lo hecho en una olla grande, lo deshueso y lo desmenuzo (…) Sólo en la mañana armo los panes”.
Sergio llega a las 9:30 de la mañana al Local Central y empieza su jornada. Primero va en caracol por todos los pasillos, desde el primer hasta el sexto piso, realiza este trayecto dos veces. Aproximadamente, a las 12:30, camina en dirección al Anexo y hace el mismo recorrido. “Si hay mucha gente en el patio me quedo ahí hasta que se vacíe un poco”.Comenta que ha implementado sus métodos de venta. “Yo no me quedo en un solo lugar, yo voy a varios lugares y realizo una venta personalizada, hago hasta delivery por que me llaman al celular, me timbran o me mandan mensajes de texto para que vaya a venderles mis panes (…) le saco provecho a la tecnología”.
Frutos del esfuerzo
Sergio asegura que gracias a este negocio, aparte de incrementar su lista de amigos, le otorga una economía relativamente estable. De esta manera, implementó una sala de ensayo con equipos de sonido, amplificadores, micrófonos, consolas, también instrumentos musicales. “Pero tengo que ahorrar al máximo”, como hasta ahora lo sigue haciendo, sin embargo, aparte de los gastos para su almuerzo, sus pasajes, fotocopias, entre otros (máximo 10 soles), destina una parte de las ganancias del día a su pequeña hija.
Por otro lado, afirma que el caminar es un ejercicio obligatorio que tiene que hacer y que en este año ha bajado cuatro kilos de peso “Ahora si me da gusto verme en el espejo”, afirma, “Lo malo es que, a veces, termino cansado de tanto andar, me vence el sueño y, al final, tengo que hacer todos mis trabajos en un día”.
Además, comenta que, al ser este su último año, madura la posibilidad de dejar el negocio. “No lo sé aún, porque un profesor, que me enseña derecho penal, me ha ofrecido prácticas y es lo que necesito ahora”, sin embargo, aún tiene algunas visiones empresariales con respecto a los productos que ofrece. “Si mis panes llegan a pasar los estándares de calidad, si obtengo buena publicidad y una producción masificada; dentro de dos años con la ayuda de una socia voy a vender este producto junto con un néctar, tipo desayuno, en casi todas las universidades de Lima”.
Sergio tiene muchas aspiraciones, quiere ser un abogado muy buscado, reconocido y recomendado, además de ser catedrático de ésta Universidad o de cualquier otra. “Quiero seguir Derecho Penal, es lo que me gusta y, por que ¿no?, me gustaría ser Presidente de la República”, concluye.

0 comentarios:
Publicar un comentario